
Aunque me he escapado del zulo-celda esta mañana y he puesto mi pupitre encima del lago, a ver que tal. Cuando la tinta se ha helado en mi pincel, y las estalactitas han empezado a colgarme de la nariz, he vuelto al calor tropical de la Crisálida, a mis queridos libros.
En un momento de despiste (del cable roto taiwanés, o del señor censor de turno) he podido acceder a la red, y enviar alguna cosa. Así que aprovecho para daros ánimos, que mañana salimos a muerte, que las clases se han acabado, que ha llegado Wendy, que el lunes toca Choudoufu, que se acercan viajes, reencuentros y demás.
¡Feliz Año Nuevo!







